En Villamanín

   Me pudo la morriña y la tarde del jueves me surgió una posibilidad de subir al campamento a ver a mis nanos con otros dos amigos, el cordi Cesar, al que una enfermedad dejó en casa, puso el GPS y Luija, que dejó los grupos hace tiempo pero al que le gusta recordar esos tiempos, puso el coche. Yo ponía ser el único de los tres que sabía donde estaba el campamento pues era el mismo donde estuve con Alicante el año pasado.

   A las 6 de la mañana salimos de casa camino a León donde llegamos para comer sin más novedad que el GPS de Cesar decidiera hacernos dar un rodeo por Villamaña. Debe ser que el diseñador del GPS es de allí decide que la gente se de un voltio por su pueblo 😛 Al llegar al campamento muchas sorpresas porque nadie me esperaba a mi y yo no esperaba encontrarme a Irene, que la tuve en grupos hace 2 años pero los dejo al entrar en ESO. Muy maja ella. Ese dia tocaba rastreo y juego nocturno pero yo en calidad de invitado no hice mucho, solo jugar con ellos que no es poco. Por la noche y por primera vez en muchos años salimos un rato al pueblo aprovechando lo cerca que estaba del campamento. Queríamos volver pronto pero…. Bea y yo nos volvíamos cuando nos dimos cuenta que llevábamos la única linterna y tuvimos que regresar con los demas; ya nos ibamos y cambian reaggeton por panchanga; ya nos ibamos y el futbolín se quedó libre; a la tercera fue la vencida.

   El dia de padres nos dejo con 36 acampados de 159 y seis de nosotros nos acercamos a tormarnos un plato de cecina al restaurante Ezequiel, que el año pasado en 15 dias no pude. Eran proverbiales las grandes raciones y doy fé. Entre todos no pudimos con el plato de embutido y eso que estaba buenisimo. La tarde pasó como todos los dias de padres, siesta, balón, ducha y preparación de la noche.

   Hay que reconocer que César y Luija se lo curraron. Fue la mejor “Noche del terror” en años. Al ser un rastreo por todo el campamento y no ser lineal como otras les podias salir de cualquier lado sin esperar al grupo, meterte entre ellos, salirles por detras o de frente, esconderte en una cabaña… El gran invento fue la megafonía, cuando un grupo entraba al comedor para realizar la prueba del rastreo pegamos un grito por el micro y despues apareciamos nosotros. Una niña se cayo al suelo del susto y cuando le tendí la mano para ayudarla a levantarse (al fin y al cabo sigo siendo su animador) la primera reaccion fue gritar más y recular. Y pensar que solo llevabamos unas caretas blancas, nada horroroso.

   Vuelta a Murcia ayer tras abrazos y despedidas y ya ire a recibirlos el domingo, que Anita, María, Irene y Visedo pasan al Malecon y ya sera más dificil verlos.

   Hocus Pocus… Y desapareció.

Una respuesta a En Villamanín

  1. Gorpik dice:

    ¿Villamaña?

    Pues sé de una ciudad maña donde se te echó de menos hace unas semanas.

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